Causas y diagnóstico

Afasia progresiva primaria: en qué se diferencia del ictus

La afasia progresiva primaria no viene de un ictus: avanza. Qué la distingue, qué variantes tiene y qué sentido tiene practicar cuando el cuadro progresa.

No hubo un día.

Eso es lo primero que descoloca a todo el mundo. En un ictus hay una hora, una ambulancia, un antes y un después que se puede señalar en el calendario. Aquí no. Aquí hay una temporada en la que a alguien empieza a costarle el nombre de las cosas, y durante meses la explicación es el cansancio, el estrés, la edad, los nervios.

Cuando por fin aparece el término afasia progresiva primaria, la familia lleva un año largo dándole vueltas. Y la primera pregunta suele ser la misma: si esto avanza, ¿qué sentido tiene ponerse a practicar?

Tiene sentido. Pero no el mismo que después de un ictus, y confundir los dos es lo que hace que se pierdan los meses que más se aprovechan.

Qué es la afasia progresiva primaria

Es un cuadro degenerativo en el que el lenguaje se deteriora antes que ninguna otra cosa, porque las zonas del cerebro que lo sostienen se van atrofiando. No hay una lesión que ocurra de golpe: hay un proceso que avanza.

El criterio que usan los neurólogos para diagnosticarla pide precisamente eso: que el problema del lenguaje sea el principal durante los primeros años, con la memoria, la orientación y el juicio relativamente conservados. Alguien que sigue llevando sus cuentas, conduciendo y decidiendo sobre su vida, pero que ya no encuentra la palabra «tenedor».

Suele empezar pronto para lo que la gente espera de una enfermedad degenerativa: muchas veces en la década de los cincuenta o los sesenta, con la persona todavía trabajando. Esa es una de las razones del retraso diagnóstico. A nadie se le ocurre pensar en esto ante un compañero de cincuenta y ocho años que se traba al hablar.

En qué se diferencia de la afasia por ictus

La diferencia está en la lesión: en el ictus el daño ocurre una vez y luego el cerebro se reorganiza alrededor, así que se parte del peor momento y se sube. En la afasia progresiva primaria el daño sigue extendiéndose, así que se parte del mejor momento disponible y el trabajo consiste en sostenerse. Son las dos formas de curva que separan a las causas de la afasia: las que dañan una vez y las que avanzan.

Afasia por ictusAfasia progresiva primaria
InicioUn día concreto, casi siempre una hora concretaGradual, se reconoce meses después
La lesiónOcurre y se queda quietaAvanza
CursoMejoría, muy rápida al principioDeterioro lento y continuo
Otras funcionesDepende de dónde esté la lesiónRelativamente conservadas al principio
Objetivo del trabajoRecuperarSostener, compensar y anticipar
Cuándo empezarEn cuanto se puedaCuanto antes, y por otro motivo

Ese último renglón es el que más consecuencias tiene. Después de un ictus se empieza pronto porque los primeros meses son los de más recuperación espontánea. Aquí se empieza pronto porque la capacidad de aprender cosas nuevas es la que más alta va a estar nunca, y todo lo que se monte ahora —apoyos, rutinas, vocabulario propio— se aprende mejor hoy que dentro de un año.

Las tres formas que puede tomar

No todas las afasias progresivas primarias se parecen. Se describen tres variantes, y saber cuál es cambia qué conviene practicar.

No fluente o agramática. El habla se vuelve trabajosa y entrecortada, con esfuerzo para articular y frases cada vez más cortas, a las que les faltan las preposiciones y los verbos conjugados. La comprensión de palabras sueltas aguanta bien; las frases largas y con estructura complicada, no tanto.

Semántica. Aquí lo que se pierde es el significado. La persona habla con fluidez y buena gramática, pero las palabras se le vacían: no encuentra los nombres y tampoco reconoce los que oye. Preguntar «¿qué es un rastrillo?» y ver que la pregunta no significa nada es el signo que más impresiona a las familias.

Logopénica. Cuesta encontrar las palabras en medio de la frase, con pausas largas buscándolas, y falla especialmente repetir frases largas. La gramática y el significado se conservan mejor que en las otras dos.

Las dos primeras se sitúan dentro del grupo de las degeneraciones frontotemporales; la tercera comparte biología con el alzhéimer más a menudo. Esa distinción la establece el neurólogo con la exploración y las pruebas de imagen, y tiene consecuencias en el seguimiento, así que merece la pena preguntar por ella en la consulta.

Por qué la logopedia sirve aunque el cuadro avance

La objeción es razonable: si esto no se detiene, practicar parece ponerle puertas al campo.

Lo que muestran los estudios disponibles —pequeños, casi todos de series de casos— es bastante concreto: entrenar un conjunto de palabras mejora esas palabras. La mejora tiende a quedarse en lo entrenado y a no extenderse sola a lo demás. En un ictus eso es una limitación conocida. Aquí es directamente la instrucción de uso: si lo que se practica es lo que mejora, entonces hay que elegir con mucho cuidado qué se practica.

Nada de esto frena la enfermedad, y conviene decirlo sin rodeos. Ningún fármaco lo hace tampoco, hoy. Lo que se gana es función durante más tiempo, que en una vida concreta significa poder pedir en la farmacia, llamar por teléfono a una hija o decir que algo duele.

Qué practicar, y por qué el momento importa

  1. Empieza antes de que parezca necesario. La respuesta habitual es esperar a que esté peor. Es al revés: lo que se aprende ahora se aprende con la capacidad más alta que va a haber.
  2. Elige tus palabras, no una lista. Los nombres de los nietos, las cuatro calles del barrio, los medicamentos, los platos que se piden siempre. Hay un artículo entero sobre cómo elegir qué palabras practicar, y en este cuadro la elección pesa más todavía.
  3. Monta frases hechas para las situaciones que se repiten. Pedir en el bar, contestar al teléfono, explicar en urgencias qué pasa. Practicadas como bloque, salen enteras cuando la palabra suelta ya no sale.
  4. Deja rastro por escrito y en imágenes. Una libreta con fotos y el nombre debajo, hecha ahora y con la persona decidiendo qué entra, es una herramienta que sirve durante años. Hecha más tarde, y por otro, sirve menos.
  5. Que aprenda quien acompaña. Las estrategias de conversación —esperar, ofrecer opciones, escribir la palabra clave— las tiene que manejar la familia, y se cogen mejor cuando todavía hay margen para practicarlas juntos. Están detalladas en cómo hablar con una persona con afasia.
  6. Poco y a diario. Quince minutos cinco días por semana rinden más que una hora suelta el domingo, y son más fáciles de sostener durante años.

Errores que cuestan meses

Esperar al diagnóstico definitivo para empezar. Entre la primera consulta y el nombre completo del cuadro pueden pasar muchos meses. Practicar el lenguaje no requiere saber la variante.

Dar por hecho que no hay nada que hacer porque no es un ictus. Es la creencia que más tiempo cuesta, y es falsa: hay bastante que hacer, solo que con otros objetivos.

Corregir cada error. Interrumpir para arreglar una palabra rompe la conversación y no enseña nada. Se corrige lo que impide entenderse; lo demás se deja pasar.

Practicar listas genéricas. Animales, colores, frutas. Si lo que mejora es lo que se entrena, entrenar «jirafa» es entrenar «jirafa».

Guardar los apoyos para cuando hagan falta. Una libreta de comunicación o un móvil con fotos se aprenden a usar cuando todavía sobra capacidad para aprenderlos. Introducirlos el día que ya no queda es introducirlos tarde.

Por dónde empezar esta semana

Coge un papel y escribe veinte palabras: las que esa persona necesita decir de verdad en una semana normal. Nombres propios incluidos. Esas veinte son el material de trabajo del próximo mes, y valen más que cualquier lista publicada.

Si además quieres entender el terreno común con las afasias que sí vienen de una lesión estable, qué es la afasia y cómo se recupera el lenguaje explica los tipos y los mecanismos; y si el síntoma que más pesa ahora mismo es no encontrar los nombres, por qué no sale la palabra entra en ese problema concreto.

Preguntas frecuentes

¿La afasia progresiva primaria es lo mismo que el alzhéimer?

No, aunque están emparentadas. En la afasia progresiva primaria el lenguaje es lo primero y lo que más falla, mientras la memoria y el juicio se mantienen relativamente bien durante los primeros años. Algunas variantes comparten la biología del alzhéimer y otras pertenecen al grupo de las degeneraciones frontotemporales. El diagnóstico lo establece un neurólogo.

¿Sirve de algo la logopedia si la enfermedad avanza igual?

Sí, aunque el objetivo es distinto. No se trata de recuperar lo perdido sino de sostener lo que aún funciona, entrenar las palabras que esa persona necesita de verdad y montar apoyos antes de que hagan falta. Los estudios disponibles son pequeños, pero coinciden en que entrenar palabras concretas mejora esas palabras.

¿Cuánto tarda en avanzar?

Varía mucho de una persona a otra y entre las tres variantes, así que ningún plazo sirve como respuesta general. Lo que sí es constante es que la progresión es gradual, sin los saltos ni las mesetas bruscas de un ictus. Tu neurólogo es quien puede orientarte con lo que sabe de tu caso.

¿Puede empezar antes de los 65 años?

Sí, y de hecho es frecuente que empiece en la década de los cincuenta o los sesenta. Esa edad temprana es una de las razones por las que se tarda en diagnosticar: nadie piensa en una enfermedad degenerativa ante alguien que sigue trabajando.

Este artículo es información general, no un diagnóstico ni un tratamiento. Cada lesión cerebral es distinta: consulta con tu logopeda, tu neurólogo o tu médico de cabecera antes de cambiar nada en tu rehabilitación. Cómo se escribe este blog.