Novedades

Qué ha ido cambiando en la app. Lo más reciente arriba.

  1. La web tiene ya dirección propia: quierohablar.app

    • Quiero Hablar tiene ya dominio propio: quierohablar.app, en vez de un subdominio prestado de otro proyecto. La dirección antigua, quierohablar.smachlab.es, sigue funcionando: cualquier enlace que ya tuvieras guardado, compartido o encontrado en Google te lleva automáticamente a la página correspondiente en la dirección nueva, sin que tengas que cambiar nada.
    • Si tienes cuenta, no se pierde nada: el progreso vive en el servidor y aparece igual al iniciar sesión. Eso sí, la sesión estaba abierta en el dominio antiguo, así que tendrás que volver a entrar una vez.
    • Si practicas sin cuenta, hay una pérdida real y hay que decirlo: ese progreso se guarda en el propio dispositivo, ligado a la dirección desde la que se accede, y el cambio de dominio no lo traslada. Si es tu caso, crear una cuenta desde hoy evita que vuelva a pasar.
    • Si tenías la app instalada en la pantalla de inicio, sigue funcionando, pero conviene reinstalarla desde quierohablar.app para que quede apuntando a la dirección buena.
  2. Los siete bloques del recorrido ya tienen dónde practicar

    • El recorrido tiene un séptimo bloque: la misma hora dicha de otra manera. De las 16:00 a las cuatro, de tres cuartos de hora a 45 minutos, de «las once y media» a 11:30. Ocho preguntas más, unos dos minutos.
    • Está porque faltaba, y faltaba de una forma que conviene contar. Un usuario dijo que se atasca justo ahí —24 horas contra 12, media hora contra treinta minutos, la hora escrita contra la hora en cifras— y el recorrido, tal como estaba, le habría dado siete de siete en el bloque del reloj y ningún motivo para trabajar nada. Leer una esfera y convertir una hora son dos tareas distintas, y se pueden tener una bien y la otra no.
    • Las ocho preguntas nuevas son deliberadamente pares distintos de los que se practican en el ejercicio de equivalencias, y hay una comprobación automática que falla si algún día se solapan. Medir con lo mismo que se entrena convertiría cualquier mejora en la prueba de que esos pares se han memorizado, que no es lo que nadie quiere saber.
    • Y hay dónde practicarlo: el ejercicio de equivalencias ya tiene pantalla. Doce conversiones por vuelta, cuatro de cada tipo, en orden distinto cada vez. Está en la pantalla de inicio, debajo del recorrido, y se puede repetir tantas veces como se quiera.
    • Las pistas van en escalera y empiezan por la regla, no por media respuesta: primero qué hay que hacer, después la misma regla resuelta con otros números, después cómo empieza la respuesta y solo al final la respuesta entera. En las respuestas de una o dos cifras el peldaño de «cómo empieza» no aparece, porque enseñar el principio de «30» es enseñar el 30.
    • La forma de partida se queda en pantalla mientras se escribe. Lo que se reportó como difícil no era solo convertir, era sostener dos o tres cifras en la cabeza mientras se hace; un ejercicio que enseñara el número, lo escondiera y lo pidiera de vuelta estaría midiendo memoria y llamándolo conversión.
    • Al terminar la vuelta, el reparto va por tipo de conversión y no como una nota: las tres se rompen por separado, y «9 de 12» esconde justo lo que hay que saber. Al lado va cuántas salieron sin ninguna pista, que es la cifra que se mueve primero — antes se necesita menos regla y solo después sale sola.
    • Y el resultado ya lleva a alguna parte. Debajo del reparto por bloque hay una propuesta de qué practicar: los bloques que salieron por debajo de los demás de esa misma vuelta, con sus cifras al lado y un botón al ejercicio que los trabaja. Comparado con los otros bloques de la propia persona y nunca con una tabla, porque tablas no hay; y es una propuesta, no un plan.
    • La señal fuerte no es fallar, es no haber cambiado: un bloque que sigue igual o peor que la vez anterior sube al principio de la lista, porque un mal día no se repite idéntico dos veces.
    • Hay un segundo ejercicio nuevo, el de pasar de cifras a palabras y al revés. Es el que la evidencia respalda con más claridad —un estudio de 2023 siguió a pacientes en rehabilitación cognitiva general y la transcodificación no se movió; se mueve cuando se trabaja directamente— y también el que más trabajo llevaba, porque hacía falta escribir los números con letra en los tres idiomas.
    • Doce números por ronda, de dos cifras a cuatro y en ese orden, alternando los dos sentidos. Se sortean cada vez y no salen de una lista fija: lo que se entrena es la operación, y treinta números concretos acabarían aprendidos de memoria.
    • Cuando toca elegir cómo se escribe un número, las dos opciones equivocadas no son números cualesquiera: una tiene la estructura correcta con una pieza cambiada —357 por 347— y la otra las mismas piezas mal montadas —3005 por «trescientos cinco»—. Son los dos errores que el recorrido separa, y elegir entre esas tres es lo que entrena la diferencia.
    • Los números con letra los genera la app, no están escritos a mano, así que hay una comprobación automática que los verifica contra los trece que sí se escribieron a mano en el banco del recorrido y contra una tabla de casos difíciles de cada idioma: el «cien» que se vuelve «ciento», la s de «quatre-vingts» que desaparece delante de «mille», la i escrita de «vint-i-tres» que no está en «trenta-tres».
    • Y tres ejercicios más, que cierran los cuatro bloques que quedaban. Leer el reloj en una esfera de agujas, de las en punto a los minutos que caen entre marcas. Contar en un calendario: qué día de la semana cae una fecha, cuántos días van de una a otra, dónde cae la próxima cita. Y comparar o contar números, con los pares que no admiten atajo — 68 contra 86 tienen los mismos dígitos, y entre 89 y 123 es el corto el que empieza por la cifra más grande.
    • El calendario cambia de mes en cada pregunta, a propósito: uno fijo se aprendería como una foto en lugar de contarse. Por eso mismo cada respuesta se comprueba automáticamente contra una fecha real antes de publicarse — un día de la semana mal por uno no se vería en pantalla, el calendario se dibujaría perfecto, y convertiría respuestas correctas en fallos.
    • Estos tres no llevan escalera de pistas, al revés que las equivalencias. Una conversión tiene una regla que se puede enunciar; «cuál de estos dos es mayor» no, y la única pista posible sería parte de la respuesta. Lo que dan en su lugar es un segundo intento con la pregunta todavía delante.
    • Con esto, los siete bloques del recorrido tienen un ejercicio detrás. Los ejercicios de números pasan a tener su propia pantalla —son cinco y no cabían en el inicio sin enterrar la tarjeta de práctica, que es a lo que viene casi todo el mundo—, y el recorrido sigue donde estaba, a un toque.
  3. Un recorrido de números, hora y fechas

    • Hay un recorrido nuevo de números, hora y fechas, en la pantalla de inicio y fuera de la rejilla de ejercicios porque no es uno: se hace una vez, no para practicar sino para ver por dónde van las dificultades. Sesenta preguntas en seis bloques —comparar cantidades, contar, pasar de cifra a palabra y al revés, leer el reloj, y fechas y años—, unos diez o quince minutos.
    • Los bloques van separados porque las cosas que miden se rompen por separado. Se puede saber perfectamente cuál de dos números es mayor y no conseguir decirlo en voz alta, y también al revés; una nota única juntaría las dos y no diría nada de ninguna.
    • Los años se miran aparte, porque su distancia es de tiempo y no de cantidad: 1996 y 2025 se parecen mucho como cifras y están a tres décadas. Salen repartidos por todos los bloques y el resultado los vuelve a juntar, que es la comparación que interesa — el año contra el número corriente.
    • Al escribir en cifras un número dictado se distingue de qué tipo fue el fallo: de montaje, como escribir 3005 cuando se dice «trescientos cinco», o de pieza, como poner 357 en lugar de 347. Esa diferencia es la que dice qué conviene practicar, y es lo que hace que el resultado valga más que un porcentaje.
    • Durante el recorrido no se dice si has acertado, al revés que en los ejercicios. Ahí la respuesta ayuda a aprender; aquí cambiaría a mitad de camino lo que se está midiendo.
    • Que quede claro lo que no es: no tiene baremos, no está validado y no dice si alguien tiene acalculia. Es una manera de ver qué conviene practicar, y de tener algo concreto que enseñar en la siguiente sesión de logopedia.
    • Queda pendiente lo siguiente: con el recorrido hecho toca construir los ejercicios de entrenar, y lo que la evidencia respalda con más claridad —la transcodificación entre cifra y palabra— es también lo que más trabajo lleva, porque hace falta escribir los números con letra en los tres idiomas.
  4. El doble de frases para completar

    • Cien frases por idioma en el ejercicio de completar frases, el doble que hasta ahora. Las cincuenta nuevas siguen la misma regla que las primeras: ninguna traducida de otra, todas de dominio público —refranes tradicionales o autores muertos hace más de un siglo, como Bécquer, Machado, Cervantes o Jorge Manrique en español; La Fontaine, Molière, Racine o Ronsard en francés; Joan Maragall, Ausiàs March o Àngel Guimerà en catalán—.
    • Con el doble de frases, la misma sesión de diez tarda mucho más en repetirse: quien practica a diario ya no se las va a aprender de memoria en una semana.
    • Sigue pendiente lo que ya se apuntó la vez pasada: casi todo son refranes, y faltan frases de situaciones cotidianas donde la palabra se deduzca del sentido y no de la memoria del refrán.
  5. Completar frases, y practicar solo tus fotos

    • Ejercicio nuevo: completar frases. Falta una palabra de un refrán o de una frase muy conocida y hay que ponerla. Se apoya en el lenguaje automático —lo que uno dice sin pensar—, que suele aguantar mejor que nombrar una imagen, así que sirve para empezar una sesión y para volver a arrancar cuando nada sale.
    • El hueco tiene una casilla por letra, de modo que se ve de cuántas letras es la palabra antes de intentar nada. Algunas vienen puestas: ninguna si la palabra tiene tres letras o menos, la inicial hasta seis, y la inicial y la final a partir de siete. Cuanto más corta es la palabra, menos se regala.
    • Cada pista descubre una letra más: primero la inicial, luego la final, y después de izquierda a derecha. La última siempre deja una letra sin poner, porque unas pistas que completan la palabra convierten el ejercicio en copiarla.
    • Cincuenta frases en cada idioma, y ninguna traducida de otra: cada lengua lleva los refranes que esa lengua dice de verdad. Todas son de dominio público, tradicionales o de autores muertos hace más de un siglo.
    • Por ahora casi todas son refranes. Es lo que mejor funciona para empezar, pero también lo más previsible: faltan frases de situaciones cotidianas, donde la palabra se deduzca del sentido y no de la memoria del refrán.
    • Cuando la frase se resuelve aparece un botón para oír la palabra. No suena sola, y no se ofrece antes de responder: la palabra es la respuesta, así que oírla mientras se busca sería lo mismo que pedir que te la enseñen. Después sí sirve, como modelo de pronunciación.
    • Selección nueva «Mis fotos»: practicar solo las fotos que has subido, sin esperar a que salgan por sorteo entre las demás palabras. Aparece únicamente si tienes alguna practicable en el idioma activo.
  6. Pictogramas, fotos propias y vocabulario a medida

    • Muchas palabras que antes solo se podían mostrar con una frase ahora tienen dibujo, gracias a los pictogramas de ARASAAC. Las emociones, sobre todo: nombrar lo que uno siente ya no depende de leer una definición.
    • Puedes añadir tus propias fotos. Haces la foto de tu parada, de tu cocina o de la máquina que usas en el gimnasio, escribes qué es, y pasa a ser una palabra que practicas. Cada foto es privada salvo que decidas compartirla.
    • Temas de vocabulario propios: transporte público, bares y restaurantes, gimnasio, viajes, buceo, geografía, tecnología, emociones y hospital. Se activan desde tu perfil, y hay unas preguntas cortas que te los proponen.
    • Puedes practicar todos tus temas juntos o uno concreto.
  7. Dos ejercicios nuevos y repaso de lo que cuesta

    • Escritura, como ejercicio propio. Primero se copia la palabra con el modelo delante, hasta que sale exacta; después desaparece y hay que escribirla de memoria. Antes solo existía la segunda mitad, que sin la primera es un examen.
    • Rasgos semánticos. Antes de intentar nombrar la palabra se repasan sus tres rasgos —qué tipo de cosa es, para qué sirve, cómo es— siempre, aunque ya te haya salido. No es para ayudarte con esa palabra, sino para que la siguiente cueste menos.
    • Las palabras que más cuestan vuelven a salir más a menudo, y las que ya van solas aparecen menos sin desaparecer del todo. Sale de las pistas que necesitaste, que ya se guardaban.
    • Las sesiones de los modos nuevos ya no se perdían al recargar: había dos sitios donde una sesión de un modo desconocido se descartaba en silencio.
  8. Blog y diseño propio

    • Blog sobre afasia, disartria y dificultades para encontrar palabras, con un artículo nuevo cada semana.
    • La web y la app pasan a tener identidad propia: tipografía legible pensada para quien lee con dificultad, iconos dibujados a mano y una paleta que no viene de ninguna plantilla.
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