Cómo funciona
Quiero Hablar entrena la recuperación de palabras después de una lesión del lenguaje. No es un juego de memoria: el objetivo es que la palabra salga sola, con cada vez menos ayuda.
Los nueve ejercicios
Articulación
La palabra está a la vista. Se escucha, se repite en voz alta y se escribe. Entrena la pronunciación, no el recuerdo.
Denominación
Solo se ve una imagen. Hay que recuperar el nombre. Si no sale, se piden pistas de una en una. Las palabras que ninguna imagen puede señalar se presentan con una frase que las describe.
Escritura
Dos pasos, y el orden importa. Primero se copia con la palabra delante, hasta que sale exacta. Después desaparece y hay que escribirla de memoria.
Rasgos semánticos
Se repasan los tres rasgos de la palabra —qué tipo de cosa es, para qué sirve, cómo es— antes de intentar nombrarla, siempre. No es ayuda para esa palabra: es refuerzo para la siguiente.
Comprensión
Se oye la palabra y hay que señalar cuál de los cuatro dibujos es. No hace falta hablar ni escribir, así que se puede practicar desde el primer día, aunque todavía no salga ninguna palabra. Los otros tres dibujos no están al azar: uno es de la misma familia y otro suena parecido, así que en cuál te equivocas dice en qué trabajar.
Lectura
Lo mismo, pero la palabra se lee en vez de oírse y no se pronuncia en ningún momento. Es el ejercicio para cuando cuesta reconocer las palabras escritas aunque se entiendan perfectamente al oírlas.
Campos semánticos
Sale un tema —frutas, profesiones, capitales— y hay que decir todas las palabras de ese tema que salgan, hasta que no salga ninguna más. No se busca una palabra concreta: se mueve de golpe todo el montón que hay guardado alrededor de una idea. Cada tema lleva su propia lista, que va creciendo visita a visita.
Separar en sílabas
Primero cuántas sílabas tiene la palabra, después dónde se parte. Se toca el hueco entre dos letras. La palabra se puede escuchar entera y sílaba a sílaba tantas veces como haga falta.
Completar frases
Falta una palabra de un refrán o de una frase muy conocida y hay que ponerla. El hueco tiene una casilla por letra, así que se ve de cuántas letras es, y cada pista descubre una más sin llegar nunca a completarla. Se apoya en el lenguaje automático —lo que uno dice sin pensar—, que suele aguantar mejor que nombrar una imagen.
La escalera de pistas
En denominación, las pistas van de menos a más concretas: categoría, para qué sirve, cómo es, primera letra, primera sílaba, la palabra casi completa. Necesitar menos pistas con el tiempo es la señal de mejora más fiable, más incluso que acertar más veces.
Números, hora y fechas
Aparte de los nueve ejercicios hay un recorrido que se hace una vez, no para practicar sino para ver por dónde van las dificultades con los números. Son siete bloques —comparar cantidades, contar, pasar de cifra a palabra y al revés, leer el reloj, decir la misma hora de otra manera y manejarse con fechas y años— y cada uno mira algo distinto, porque van por separado: se puede saber perfectamente cuál de dos números es mayor y no conseguir decirlo en voz alta. Al terminar no hay nota, hay un reparto por bloque, y debajo una propuesta de qué practicar: los bloques que salieron por debajo de los demás de esa misma vuelta —de los demás de esa persona, no de ninguna tabla— con un botón al ejercicio que los trabaja. Los siete bloques tienen ya el suyo.
Probar ahora